viernes, 9 de diciembre de 2011

Al final del día

El día llegaba a su fin. Luis regresaba de su negocio a casa. Tenía una barbería de época en Barrio Norte, donde le iba muy bien.

Tomó a pie el trayecto que conocía, porque quería visitar a un amigo. De camino, lo sorprendieron algunos mareos y un ajeno dolor en todo el cuerpo; se preguntó por qué le sucedía algo así y recordó que horas atrás había estado bastante preocupado puesto que, ese día, no había tenido clientes en su local y asumió que quizás su malestar se debiera a eso, le restó importancia y siguió caminando. Minutos antes de encontrarse con su amigo, sintió una extrema necesidad de estar con su familia, así que decidió no visitarlo e ir directo a su casa. Ya cerca, notó que la puerta de entrada estaba abierta, esto lo asombró, pues no tenían por costumbre ese hábito. La distancia no le permitía distinguir con claridad, pero le parecía ver gente dentro, le resultó extraño porque era martes por la noche y no solían invitar a nadie durante la semana, tampoco su mujer le había comentado nada al respecto. Le faltaban unos metros, pero ya comenzaba a identificar esos rostros amigos.

Entró y nadie notaba su presencia. Ya en el punto máximo de confusión, se preguntó si estaría soñando, si habría enloquecido. ¡Qué diablos pasa aquí!, se dijo. Enseguida quiso localizar a su mujer, dirigió su mirada hacia el pasillo que conducía al living y ahí estaba ella, de espaldas y con sus manos sobre algo que él no podía ver. En ese instante quedó preso por una sensación que jamás había experimentado.

Ese día la barbería había estado cerrada por duelo, y esas manos doloridas acariciaban la frente de Luis, que llevaba un par de horas en su cajón.

11 comentarios:

fus dijo...

Eleonora pobre Luis descubrir su muerte sin poder hablar con nadie.Me ha gustado mucho tu relato y la transformaciòn que haces de èl en todo su trayecto.

un fuerte abrazo


fus

Stefania dijo...

El mejor relato desde que te leo, me ha gustado mucho, bien llevado y con una resolución asombrosa.

Saludines.
Stefi

Juan Ojeda dijo...

Me parece excepcional la forma en la cual llevas la narración, uno siente que va caminando con Luis y finalmente tropieza con ese importante descubrimiento... extraño final para un día largo y solitario, muy delicada metáfora sobre algunos finales.

Un enorme abrazo, este espacio me gusta cada vez más.

Eleonora Beatrice dijo...

Estimados amigos, muchas gracias por sus comentarios.
Un enorme abrazo.
Eleonora.

laindefensiónaprendida dijo...

Este te ha salido bordado.
Un beso

Liliana G. dijo...

Una de nuestras peores pesadillas: vernos desde el otro lado, ver a nuestros deudos, volver para nos ser visto ni escuchado. Fantástica metáfora, Eleonora.

Es un gusto haberte descubierto.

Un gran cariño :)

moderato_Dos_josef dijo...

My bien! Excelente narración, con un final impecable y dramático. Uno de esos finales que te dejan pensando...

Un abrazo, mi querida amiga.

Humberto Dib dijo...

Un descubrimiento que nadie querría vivenciar, prefiero la muerte "old fashion".
Muy bueno este texto, también creo que es el mejor.
Un beso.
HD

Ignacio Carcelén dijo...

Creo que es más fácil ser visible para los demás que alguien que no se percibe, ojalá tuviera ese poder, para mis caprichos.
Buen realato.

Anto Etyam dijo...

Poco más, y Luis se pierde su propio entierro. Me pregunto qué haría después, si seguiría la luz, o se quedaría dando una vuelta por este mundo, en el que por fin era completamente libre.

Saludos

pazzos dijo...

¿molesto?

Que perra es la rutina. Los pies nos arrastran al puesto de trabajo hasta el día de nuestra misma muerte.

M´ha gustao.